Ahora empiezo a notar que me falta el aire, no consigo ponerme de pie y caminar, sólo deseo permanecer tumbada todo el día, sola, esperando la noche, esa noche que tantas veces me ha visto llorar en silencio, esa noche que guarda mis secretos más íntimos, esa noche que me cuida y protege cuando necesito la oscuridad para huir; pero parece que la noche no llega, no consigo levantar la cabeza para ver más allá de lo que tengo a un palmo escaso de mis ojos, no tengo valor para reconocer lo que siento, no puedo contarle a nadie todas las cosas que me pasan por la mente a cada hora del día, no tengo valor para aferrarme a lo que tengo aquí y ahora, no tengo fuerzas para coger ninguna de esas manos que me tienden para volver a levantarme.
Siento que no tengo fuerzas, pero tampoco ganas, todo es más bonito visto desde aquí, en este sitio, justo donde me encuentro ahora, no pueden tocarme, no pueden hacerme daño, pero eso no me impide sufrir, por que el dolor lo llevo dentro, el dolor lo llevo en mi cabeza y en mi corazón, al no reconocer que, aunque nadie lo crea, le echo de menos.
martes 15 de junio de 2010
lunes 15 de marzo de 2010
"El indomable Will Hunting" me encanta
-Se me ocurrió una cosa, luego me fui a la cama, caí en un sueño profundo y no volví a pensar en ti, y ¿sabes que se me ocurrió?
-No.
-Que eres un crío, y que en realidad no tienes ni idea de lo que hablas.
-Vale, gracias.
-Es normal, nunca has salido de Boston.
-No.
-Si te pregunto algo sobre arte, me responderás con datos de todos los libros que se han escrito; Miguel Ángel, lo sabes todo, vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual, lo que haga falta, pero tú no puedes decirme como huele la Capilla Sixtina, nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo, no lo has visto; si te pregunto por las mujeres, supongo que me darás una lista de tus favoritas, puede que hayas echado unos cuantos polvos, pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad, eres duro; si te pregunto por la guerra probablemente citarás algo de Shakespeare, “de nuevo en la brecha amigos míos”, pero no has estado en ninguna, nunca has sostenido a tu mejor amigo entre sus brazos, esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro; si te pregunto por el amor, recitarás un soneto, pero nunca has mirad a una mujer y te has sentido vulnerable, ni te has visto reflejado en sus ojos, no has pensado que Dios ha puesto un ángel en la tierra para ti, para que te rescate de los pozos del infierno, ni que se siente al ser su ángel, al darle tu amor, darlo para siempre, y pasar por todo, pasar por el cáncer; no sabes lo que es pasar dos meses en un hospital cogiendo su mano, ya que los médicos vieron en tus ojos que el término horario de visitas no iba contigo, no sabes lo que significa perder a alguien, porque solo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo. Te miro y no veo a un hombre inteligente y confiado, veo a un chaval, creído y cagado de miedo. Eres un genio Will, eso nadie lo niega, nadie puede comprender lo que pasa en tu interior, en cambio crees que lo sabes todo de mí por que viste un cuadro que pinté y rajaste mi puta vida de arriba abajo. Eres huérfano, ¿verdad? ¿Crees que sé lo dura y penosa que ha sido tu vida, como te sientes, quién eres, por que he leído Oliver Twist? ¿Un libro basta para definirte? Personalmente, eso me importa una mierda, por que ¿sabes qué? no puedo aprender nada de ti, ni saber nada de ti leyendo un maldito libro, pero si quieres hablar de ti, de quién eres, estaré fascinado, a eso me apunto, pero no quieres hacerlo, tienes miedo, te aterroriza decir lo que sientes. Tu mueves chaval.
-No.
-Que eres un crío, y que en realidad no tienes ni idea de lo que hablas.
-Vale, gracias.
-Es normal, nunca has salido de Boston.
-No.
-Si te pregunto algo sobre arte, me responderás con datos de todos los libros que se han escrito; Miguel Ángel, lo sabes todo, vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual, lo que haga falta, pero tú no puedes decirme como huele la Capilla Sixtina, nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo, no lo has visto; si te pregunto por las mujeres, supongo que me darás una lista de tus favoritas, puede que hayas echado unos cuantos polvos, pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad, eres duro; si te pregunto por la guerra probablemente citarás algo de Shakespeare, “de nuevo en la brecha amigos míos”, pero no has estado en ninguna, nunca has sostenido a tu mejor amigo entre sus brazos, esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro; si te pregunto por el amor, recitarás un soneto, pero nunca has mirad a una mujer y te has sentido vulnerable, ni te has visto reflejado en sus ojos, no has pensado que Dios ha puesto un ángel en la tierra para ti, para que te rescate de los pozos del infierno, ni que se siente al ser su ángel, al darle tu amor, darlo para siempre, y pasar por todo, pasar por el cáncer; no sabes lo que es pasar dos meses en un hospital cogiendo su mano, ya que los médicos vieron en tus ojos que el término horario de visitas no iba contigo, no sabes lo que significa perder a alguien, porque solo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo. Te miro y no veo a un hombre inteligente y confiado, veo a un chaval, creído y cagado de miedo. Eres un genio Will, eso nadie lo niega, nadie puede comprender lo que pasa en tu interior, en cambio crees que lo sabes todo de mí por que viste un cuadro que pinté y rajaste mi puta vida de arriba abajo. Eres huérfano, ¿verdad? ¿Crees que sé lo dura y penosa que ha sido tu vida, como te sientes, quién eres, por que he leído Oliver Twist? ¿Un libro basta para definirte? Personalmente, eso me importa una mierda, por que ¿sabes qué? no puedo aprender nada de ti, ni saber nada de ti leyendo un maldito libro, pero si quieres hablar de ti, de quién eres, estaré fascinado, a eso me apunto, pero no quieres hacerlo, tienes miedo, te aterroriza decir lo que sientes. Tu mueves chaval.
jueves 11 de marzo de 2010
11.03.10
Entonces fue cuando se despidió, se dió la vuelta y comenzó a alejarse lentamente, y a la vez que yo me giraba oía como, estrepitósamente, un autobús acababa con la vida de la mejor persona que había conocido nunca.
viernes 12 de febrero de 2010
31.05.09
Tenía esto escrito desde el año pasado, y ni me acordaba de ello.
Me encanta!
Cuando empiezas algo ni tienes ni idea de cómo acabará. Puede ser que todo salga tal y como siempre has pensado, perfecto, la suerte te coge de la mano y no te suelta, pero sin embargo, todo puede salir fatal, puede que todo eso que has sacrificado no te haya servido de nada, por que, al fin y al cabo, y aunque quieras cambiarlo, muchas veces no depende de ti, si no de otra persona, y no puedes esperar que ella renuncie a lo que cree si no quiere, puede que, después de abrir tu corazón, tu mente, tus esperanzas y tu mundo a algo, que no salga bien, pero eso es algo que ni tú, ni yo, ni nadie sabe, por lo tanto debemos seguir intentando, seguir sacrificando y soñando por que sí, puede que al final todo se rompa, pero también es posible que al final, todo acabe perfecto, y como no lo sabes debes seguir ahí, intentando, y demostrando que, aunque no lo parezca, puedes conseguirlo.
Me encanta!
Cuando empiezas algo ni tienes ni idea de cómo acabará. Puede ser que todo salga tal y como siempre has pensado, perfecto, la suerte te coge de la mano y no te suelta, pero sin embargo, todo puede salir fatal, puede que todo eso que has sacrificado no te haya servido de nada, por que, al fin y al cabo, y aunque quieras cambiarlo, muchas veces no depende de ti, si no de otra persona, y no puedes esperar que ella renuncie a lo que cree si no quiere, puede que, después de abrir tu corazón, tu mente, tus esperanzas y tu mundo a algo, que no salga bien, pero eso es algo que ni tú, ni yo, ni nadie sabe, por lo tanto debemos seguir intentando, seguir sacrificando y soñando por que sí, puede que al final todo se rompa, pero también es posible que al final, todo acabe perfecto, y como no lo sabes debes seguir ahí, intentando, y demostrando que, aunque no lo parezca, puedes conseguirlo.
sábado 7 de noviembre de 2009
07.11.09
Si te digo que ahora me siento como la peor persona del mundo, no sé si lo creerías.
No tengo idea de por qué lo he hecho, simplemente no pude dejar de hablar, y ahora lo estoy pagando con creces. No puedo dejar de pensar en todo lo que acabo de hacer, y no dejo de sentirme como una jodida mierda al darme cuenta de que te he decepcionado.
La confianza que depositaste en mi era lo que me ayudaba a aguantar día tras día, lo que hacía que estuviera contenta cuando lo que de verdad deseaba era tirarme por un barranco... Esa confianza era lo único que de verdad era solo mío, lo único que realmente compartíamos solo nosotros dos, y lo he jodido todo.
Perdóname. Sé que ahora mismo esto no significa nada, sé que seguramente nunca volverás a confiar en mí de la misma manera de la que lo hacías antes, pero es todo lo que puedo decir, pues lo que de verdad siento no te lo puedo explicar con palabras.
Ahora solo me queda intentar que vuelvas a verme como antes, como una cría tonta que está loca por ti.
Ya solo puedo aprovechar al máximo el poco tiempo que queda hasta que te vayas, intentar que todo vuelva a ser como antes y apoyarte más que nunca, para que al menos veas que, a pesar de que soy una estúpida, sigo de tu lado tanto o más que el primer día.
Intento encontrar las palabras adecuadas para decirte todo lo que a pasado a la cara, y aunque no sé si seré capaz de hacerlo sin llorar ni una vez, sé que, cuando encuentre las fuerzas necesarias hablaré contigo, y me dolerá, y los reproches que me soltarás serán poco comparado con lo que me merezco, pero al menos mi conciencia estará tranquila, y podré dejarte ir, sin pensar que tengo algo dentro me atormenta y nunca te he contado.
No tengo idea de por qué lo he hecho, simplemente no pude dejar de hablar, y ahora lo estoy pagando con creces. No puedo dejar de pensar en todo lo que acabo de hacer, y no dejo de sentirme como una jodida mierda al darme cuenta de que te he decepcionado.
La confianza que depositaste en mi era lo que me ayudaba a aguantar día tras día, lo que hacía que estuviera contenta cuando lo que de verdad deseaba era tirarme por un barranco... Esa confianza era lo único que de verdad era solo mío, lo único que realmente compartíamos solo nosotros dos, y lo he jodido todo.
Perdóname. Sé que ahora mismo esto no significa nada, sé que seguramente nunca volverás a confiar en mí de la misma manera de la que lo hacías antes, pero es todo lo que puedo decir, pues lo que de verdad siento no te lo puedo explicar con palabras.
Ahora solo me queda intentar que vuelvas a verme como antes, como una cría tonta que está loca por ti.
Ya solo puedo aprovechar al máximo el poco tiempo que queda hasta que te vayas, intentar que todo vuelva a ser como antes y apoyarte más que nunca, para que al menos veas que, a pesar de que soy una estúpida, sigo de tu lado tanto o más que el primer día.
Intento encontrar las palabras adecuadas para decirte todo lo que a pasado a la cara, y aunque no sé si seré capaz de hacerlo sin llorar ni una vez, sé que, cuando encuentre las fuerzas necesarias hablaré contigo, y me dolerá, y los reproches que me soltarás serán poco comparado con lo que me merezco, pero al menos mi conciencia estará tranquila, y podré dejarte ir, sin pensar que tengo algo dentro me atormenta y nunca te he contado.
domingo 11 de octubre de 2009
12.11.09
Aún no podía entender por qué significaba tanto para ella si ni siquiera me conocía. No tenía ni idea de por qué se preocupaba tanto por mí, y por qué ofrecía tanto sin pedir nada a cambio.
Nunca le pregunté por qué, pues el simple hecho de ver que en su cara nacía una sonrisa nada más dirigirme a ella, ver como sus ojos brillaban de alegría cuando me acercaba a saludarla, me cegaba de tal manera que se me borraba de la mente cualquier pregunta. Ella era feliz, y para mí eso era más que suficiente.
Me costó comprenderlo mucho tiempo, muchos meses detrás de nosotros; la veía casi cada día, después de cada concierto, y a fuerza de aquello nos hicimos amigos, hablábamos mucho, pero de cosas mundanas, por lo que un día que no tenía nada que hacer me lancé a preguntarle si le apetecía salir, pasar el día juntos, por ahí, para conocernos mejor, después de todo, nos veíamos constantemente.
Así que quedamos en Leicester Square, a las puertas del cine Odeón por la mañana temprano.
Fuimos a Covent Garden, pues me dijo que estaba enamorada de ese mercado, y mientras recorríamos todas y cada una de las tiendas que allí hay, me obligó a contarle cosas de mi vida. Como es mi día a día, conociendo gente a todas horas, con personas que intentan meterse en tus asuntos cada hora, y que inventan lo que sientes y piensas.
Pero a pesar de eso, tu vida mola, ¿no? Te dedicas a lo que más amas en el mundo, y la satisfacción de ver feliz a la gente con lo que hacer es muy reconfortante.
Tras aquello lo único que pude hacer fue sonreír. Tenía razón, aunque hubiera mañanas en las que me levantara con ganas de mandarlo todo a tomar por saco, el ver que gente como ella disfrutaba tanto con tan poco, me hacía ver las cosas distintas.
Y mientras comíamos no me quitaba los ojos de encima, estaba asombrada con cada cosa que la contaba: anécdotas de gira, chistes, vídeos cachondos, fiestas interminables, borracheras infinitas,.. de echo, creo que lo único que se oía en todo el restaurante era su escandalosa risa, que a pesar de lo incómodo que pidiera resultar para los demás, para mí era una manera de evadirme de todo lo que había a mi alrededor.
Tras la comida, las compras y mientras andábamos hacia Regent Street, me di cuenta de que el único que había hablado en todo el día había sido yo, y pensé que ya era hora de que ella contara algo, así que se lo dije en el primer momento en que se hizo el silencio entre los dos.
Me dijo que lo que más le gustaba en el mundo era la música y la lectura, que sus grupos favoritos iban desde los Beatles a Metallica, pasando por Pink Floyd e incluso Madonna; que le gustaría viajar a la India y que su comida favorita es el sushi. Me contó que la cuidad donde había estado que más le gustó fue Ámsterdam, y que los museos y salas de arte de París la volvían loca. Dijo que las tiendas vintage le encantaban, y que se podía tirar horas viendo desfiles de moda sin hartarse jamás.
La verdad es que me enamoré de su forma de ser, de su filosofía de la vida y me hizo pensar en cosas que nunca me había planteado.
Pero tiene que haber algo que ames por encima de todo, algo sin lo que no puedas vivir, algo que sea crucial para ti, le dije cuando volvió a quedarse callada.
Sí, claro que hay algo, contestó. Sus pasos se ralentizaron.
¡¡Cuéntamelo!! Dije, y comencé a dar estúpidos saltitos de emoción para que se lanzara a hablar.
Tú, dijo con un tono de voz sombrío. Tú eres aquello con lo que sueño, lo que me inspira, lo que me arranca una sonrisa cuando estoy triste. Me enamoré de ti la primera vez que te ví, la forma de la que te has portado siempre conmigo me enloquece, y te quiero más que a nada en el mundo, pero no amor del que tú piensas, si no amor de admiración.
Después de oír eso no pude reaccionar. Sin darnos cuenta, nos habíamos quedado parados en medio de la calle, y mientras ella hablaba, mi cara de asombro se hacía más y más grande.
Cuando acabó de hablar parecía que se hubiera quitado un enorme peso de encima, como si todo lo que me acababa de contar hubiera querido hacerlo hace mucho.
Me dí cuenta de que mi cara debía de ser de subnormal profundo, por que de repente, rompió a reír. Reaccioné lentamente, carraspeé, me froté los ojos con el dorso de una mano y fijé mi mirada en sus ojos.
Ya había dejado de reírse para, simplemente, sonreír, mirándome, son esas luces en sus ojos de nuevo.
Oye, con todo esto no quiero que pienses que soy una loca histérica o algo parecido. La verdad es que no sé ni por qué te lo he dicho, ahora estamos incómodos los dos.
No te preocupes, fui yo el que pregunté, ahora no me puedo quejar por que me hayas dado la respuesta.
Sonreí. La verdad es que hacía tiempo que no me sentía tan a gusto con alguien a quien acababa de conocer realmente.
Retomamos el camino, y mientras andábamos, coloqué mi brazo sobre sus hombros, achuchándola un poco contra mí. Noté su risa nerviosa mientras torcía la cabeza hacia mi pecho y volví a sonreír.
¿Puedo seguir contándote cosas? Preguntó levantando la mirada. Pero no quiero ser pesada ¿eh?
¡¡Sí, cuéntame!!
Y eso hizo.
Desde aquel día no se separa de mí. Me ayuda a tener los pies en la tierra, me informa sobre lo que pasa a mi alrededor y no llego a ver, me entiende, me apoya, y sobre todo, me ayuda a sentirme útil en algo más que con mi trabajo y cosas cruciales de mi día a día.
Lo único que puedo decir ya es: GRACIAS.
Nunca le pregunté por qué, pues el simple hecho de ver que en su cara nacía una sonrisa nada más dirigirme a ella, ver como sus ojos brillaban de alegría cuando me acercaba a saludarla, me cegaba de tal manera que se me borraba de la mente cualquier pregunta. Ella era feliz, y para mí eso era más que suficiente.
Me costó comprenderlo mucho tiempo, muchos meses detrás de nosotros; la veía casi cada día, después de cada concierto, y a fuerza de aquello nos hicimos amigos, hablábamos mucho, pero de cosas mundanas, por lo que un día que no tenía nada que hacer me lancé a preguntarle si le apetecía salir, pasar el día juntos, por ahí, para conocernos mejor, después de todo, nos veíamos constantemente.
Así que quedamos en Leicester Square, a las puertas del cine Odeón por la mañana temprano.
Fuimos a Covent Garden, pues me dijo que estaba enamorada de ese mercado, y mientras recorríamos todas y cada una de las tiendas que allí hay, me obligó a contarle cosas de mi vida. Como es mi día a día, conociendo gente a todas horas, con personas que intentan meterse en tus asuntos cada hora, y que inventan lo que sientes y piensas.
Pero a pesar de eso, tu vida mola, ¿no? Te dedicas a lo que más amas en el mundo, y la satisfacción de ver feliz a la gente con lo que hacer es muy reconfortante.
Tras aquello lo único que pude hacer fue sonreír. Tenía razón, aunque hubiera mañanas en las que me levantara con ganas de mandarlo todo a tomar por saco, el ver que gente como ella disfrutaba tanto con tan poco, me hacía ver las cosas distintas.
Y mientras comíamos no me quitaba los ojos de encima, estaba asombrada con cada cosa que la contaba: anécdotas de gira, chistes, vídeos cachondos, fiestas interminables, borracheras infinitas,.. de echo, creo que lo único que se oía en todo el restaurante era su escandalosa risa, que a pesar de lo incómodo que pidiera resultar para los demás, para mí era una manera de evadirme de todo lo que había a mi alrededor.
Tras la comida, las compras y mientras andábamos hacia Regent Street, me di cuenta de que el único que había hablado en todo el día había sido yo, y pensé que ya era hora de que ella contara algo, así que se lo dije en el primer momento en que se hizo el silencio entre los dos.
Me dijo que lo que más le gustaba en el mundo era la música y la lectura, que sus grupos favoritos iban desde los Beatles a Metallica, pasando por Pink Floyd e incluso Madonna; que le gustaría viajar a la India y que su comida favorita es el sushi. Me contó que la cuidad donde había estado que más le gustó fue Ámsterdam, y que los museos y salas de arte de París la volvían loca. Dijo que las tiendas vintage le encantaban, y que se podía tirar horas viendo desfiles de moda sin hartarse jamás.
La verdad es que me enamoré de su forma de ser, de su filosofía de la vida y me hizo pensar en cosas que nunca me había planteado.
Pero tiene que haber algo que ames por encima de todo, algo sin lo que no puedas vivir, algo que sea crucial para ti, le dije cuando volvió a quedarse callada.
Sí, claro que hay algo, contestó. Sus pasos se ralentizaron.
¡¡Cuéntamelo!! Dije, y comencé a dar estúpidos saltitos de emoción para que se lanzara a hablar.
Tú, dijo con un tono de voz sombrío. Tú eres aquello con lo que sueño, lo que me inspira, lo que me arranca una sonrisa cuando estoy triste. Me enamoré de ti la primera vez que te ví, la forma de la que te has portado siempre conmigo me enloquece, y te quiero más que a nada en el mundo, pero no amor del que tú piensas, si no amor de admiración.
Después de oír eso no pude reaccionar. Sin darnos cuenta, nos habíamos quedado parados en medio de la calle, y mientras ella hablaba, mi cara de asombro se hacía más y más grande.
Cuando acabó de hablar parecía que se hubiera quitado un enorme peso de encima, como si todo lo que me acababa de contar hubiera querido hacerlo hace mucho.
Me dí cuenta de que mi cara debía de ser de subnormal profundo, por que de repente, rompió a reír. Reaccioné lentamente, carraspeé, me froté los ojos con el dorso de una mano y fijé mi mirada en sus ojos.
Ya había dejado de reírse para, simplemente, sonreír, mirándome, son esas luces en sus ojos de nuevo.
Oye, con todo esto no quiero que pienses que soy una loca histérica o algo parecido. La verdad es que no sé ni por qué te lo he dicho, ahora estamos incómodos los dos.
No te preocupes, fui yo el que pregunté, ahora no me puedo quejar por que me hayas dado la respuesta.
Sonreí. La verdad es que hacía tiempo que no me sentía tan a gusto con alguien a quien acababa de conocer realmente.
Retomamos el camino, y mientras andábamos, coloqué mi brazo sobre sus hombros, achuchándola un poco contra mí. Noté su risa nerviosa mientras torcía la cabeza hacia mi pecho y volví a sonreír.
¿Puedo seguir contándote cosas? Preguntó levantando la mirada. Pero no quiero ser pesada ¿eh?
¡¡Sí, cuéntame!!
Y eso hizo.
Desde aquel día no se separa de mí. Me ayuda a tener los pies en la tierra, me informa sobre lo que pasa a mi alrededor y no llego a ver, me entiende, me apoya, y sobre todo, me ayuda a sentirme útil en algo más que con mi trabajo y cosas cruciales de mi día a día.
Lo único que puedo decir ya es: GRACIAS.
miércoles 9 de septiembre de 2009
09.09.09
Tú no sabes lo que es no poder respirar, sentir la angustia al darte cuenta de cómo, poco a poco, te falta el oxígeno y te sientes débil, sin fuerzas siquiera para mantenerte en pie. Es algo espantoso el darte cuenta de repente que no puedes, que aunque lo intentes no podrás levantarte por que ni siquiera llegan indicaciones a tu cabeza para intentarlo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
